domingo, 3 de agosto de 2014

El Eneagrama en Psicoterapia





El Eneagrama en el proceso terapéutico
Según mi propia vivencia en la aplicación del Eneagrama como instrumento de trabajo terapéutico, y la experiencia de la enorme cantidad de alumnos que nos han compartido sus propios descubrimientos, puede afirmarse que en este área el Eneagrama tiene múltiples beneficios:

Ayuda al terapeuta a ahondar más prontamente en la cosmovisión de su paciente, en sus dificultades características,y en aquellos recursos de los cuales el paciente dispone según sus eneatipos predominantes. Esto es sumamente válido cuando se trata de procesos terapéuticos que se desarrollen en un lapso de tiempo considerable, pero también cuando se carece del tiempo suficiente, tal como con pacientes que sólo pueden asistir unas pocas sesiones (por irse de viaje, por estar de paso en el país o por cualquier otra razón), pacientes que concurren a consulta por alguna emergencia puntual (crisis vitales, proximidad de intervención quirúrgica...), pacientes que atraviesan una enfermedad terminal, quienes necesitan tomar decisiones laborales, afectivas o vocacionales, etc.

Para el paciente, conocer su propio eneatipo es de inmenso apoyo, pues le permite comprender sus propios patrones de comportamiento, su historia, su manera de reaccionar ante la vida, sus talentos innatos, y muchos porqués relacionados con su estructura emocional.

Tanto para el paciente como para el terapeuta poder tener en cuenta el eneatipo de las personas allegadas al paciente suele ser de mucha utilidad: que una paciente Dos (dadora por demás, pendiente de los otros todo el tiempo, ayudadora sin que se lo pidan, invasiva a veces sin advertirlo, por ánimo de socorrer......) comprenda cuáles son sus problemas de relación con un esposo Nueve (tranquilo en exceso, dependiente, evasivo de todo conflicto, con frecuencia infantil, pasivo......), puede ser un valioso punto de partida para observar los mecanismos que se generan de a dos... pero que pueden desarticularse si al menos uno de los partícipes se da cuenta y trabaja sobre ello...
(Podría extender vastamente esta lista, pero elijo quedarme en estos tres puntos, para extenderme en lo que sigue.) Puede preguntarse desde el sentido común: ¿pero esto no es muy esquemático? ¿No desaparece el paciente-individuo debajo de ese conjunto de supuestos? Mi respuesta es ésta: la utilización del Eneagrama como herramienta será tan inteligente, esquemática, reduccionista, sorprendente, oportuna, brillante... como lo sea el terapeuta que la aplique o la persona que la incorpore para comprender su propia realidad... Pues así es con toda herramienta! Yo, que he explorado tantas, tengo plena constancia de que para un terapeuta sensato que quiera abordar inteligentemente el mundo sensible de su paciente el Eneagrama puede resultarle extremadamente asertivo... y fascinante (lo mismo que para quienes se desarrollen en muchas otras áreas profesionales: empresa, educación, arte, comunicación, coordinación de grupos...).
 Bien: desde este lugar quisiera compartir, a quienes conozcan sobre Psicología del Eneagrama y a quienes vayan a investigar sobre este tema más adelante, cuáles son algunos de los motivos de consulta más característicos de cada eneatipo. Elegiré sólo cinco ítems para cada uno de ellos, consciente de que podría extenderme muchísimo más. 


Primer Eneatipo: El Perfeccionista, El Reformador
  • Situaciones de relación (en lo personal o en lo profesional) donde no puede encajar con el entorno por falta de flexibilidad psicológica; si es una persona no muy trabajada, siente que el problema “está afuera”, y son “los demás”; si tiene cierta conciencia de sí, en cambio, advierte que es su propio modo esquemático y dogmático en el interactuar el que genera su realidad... pero sufre por no poder cambiarlo. La tarea será ayudarle a hallar dentro de sí la gracia, la capacidad de cambio, la apertura afectiva que su esencia pide expresar... mas necesita un partero que le ayude a darse a luz!
  •  Stress debido a un exceso de obligaciones asumidas desde su actitud de perfeccionismo. Burn out, sobre todo en profesiones vinculadas a la asistencia en salud y a la docencia. Necesidad de aprender a tener una vida personal fructífera y, simplemente, a disfrutar (habilidad poco desarrollada en el primer eneatipo).
  • Trastornos psicosomáticos relacionados con el exceso de oblilgaciones y la retención de emociones, o con la expresión inhábil de la ira.
  • Conflictos interpersonales que devienen de una actitud crítica hacia los otros, dificultad para expresar los afectos tiernos y la aprobación, impedimentos para ser espontáneo, liviano, comunicativo, falta de habilidades sociales en lo que hace al esparcimiento y al intercambio sensible.
  • Trastornos obsesivo-compulsivos, con rumia mental y una necesidad imperiosa de controlarlo todo (dentro y fuera), con auto-tormento psíquico. Exceso de racionalización que le quita contacto con las emociones.

Segundo Eneatipo: El Dador, El Ayudador

  • Sufrimiento emocional debido a situaciones de dependencia afectiva en la cual se da el circuito persecución-evitación-persecución: la persona tiene una excesiva intensidad en acercarse al otro, sin darse cuenta de que le invade; el otro se aleja para preservarse, con lo cual el Dos redobla el intento de tener presencia ante el otro.
  • Trastornos psicosomáticos por retener la expresión de la ira (debido al temor de que el otro se aleje); también hipocondría, cuando el Dos busca atención afectuosa de los demás a través de enfermedades (con lo cual suele generar lo opuesto de lo que inconscientemente quisiera, o sea, una vez más: alejamiento).
  • Crisis (generalmente en la mitad de la vida) por observar que ha vivido para los demás a costa de cancelar sus propias necesidades (lo cual suele acompañarse de resentimiento por sentir abuso hacia su persona por parte de aquellos a quienes dio de más). Necesidad de encontrarse a sí misma y de superar el abandono de sí. En este punto, el terapeuta deberá acompasarle para que el Dos no quede atrapado en mecanismos de autoconmiseración o de victimización.
  • Establecimiento de vínculos de co-dependencia, relacionándose con personas necesitadas de ayuda (individuos con adicciones, discapacidades, trastornos psicológicos...). Confusión entre “ser querido” y “ser necesitado”.
  • Dificultad para reconocer los límites: tanto los que otras personas le marquen respecto de sus propias vidas, al sentirse invadidos ante la intensidad asistencial del Dos (lo cual le genera sentimientos de rechazo y exclusión) y también acerca de los límites que el Dos necesita aprender a poner hacia los demás, para no ser víctima de abuso desde su actitud dadora/asistencial.


  Tercer Eneatipo: El Exitoso, El Logrador

  • Stress por actitud de trabajólico (adicto al trabajo). Trastornos psicosomáticos debido a ello, y pobreza de vida afectiva al dedicarle poca energía a su vida relacional.
  • Fracasos en su vida personal por establecer exceso de distancia defensiva, aún con los más queridos; falta de calor emocional, de contacto con el sentir.
  • Trastornos vinculares relacionados con una actitud demasiado centrada en sí mismo (con frecuencia auto-justificada o inadvertida); dificultad para ponerse en el lugar del otro y empatizar; con ello, problemas con parejas, hijos, socios, empleados...
  • Íntimo sentimiento de inferioridad que genera depresión o anestesia emocional (lo cual con frecuencia busca compensar con una vida externa de apariencia perfecta... que le produce una sensación de vacío difícil de soportar). Necesidad de desconstruir una vida centrada en la necesidad de ser admirado, para transitar, en cambio, por el núcleo del Vivir.
  • Depresión por baja tolerancia a la frustración: ser rechazado por la persona a la que aspira afectivamente, fracasar en un negocio, ser despedido de su empleo, rendir mal sus exámenes, perder en una competencia deportiva... También por no resistir psicológicamente las señales de envejecimiento (sobre todo luego de la primer mitad de la vida). Necesidad de asentar su identidad en un lugar más esencial, menos narcisista.



  Cuarto Eneatipo: El Sensitivo, El Romántico

  • Sufrimiento por vínculos afectivos tortuosos: amores imposibles, tirángulos relacionales, parejas tormentosas... Necesidad de aprender a regular la intensidad emocional para no “quemar” sus vínculos, y de ajustarse a la realidad más que a los ideales que su mente proyecta en como “tendría que ser” una relación de Amor; des-idealizar al otro y al vínculo en sí para conectarse con el Amor Posible, y no con el “Amor Inalcanzablemente Sublime”!
  • Depresión por inadecuación al mundo. Sentimientos de exclusión, de no encajar entre los demás; íntima percepción de ser “defectuoso”, con una paralela sensación de superioridad ante los otros: de ser “especial”. Soledad que se busca, pero que no encuentra opción a la hora de necesidad conectarse con otros. Hambre de intimidad.
  • Fluctuación excesiva entre sentimientos de exaltación y de depresión, en una verdadera “montaña rusa” emocional. Extrema identificación con lo que siente, predominando un dramatismo afectivo que desestructura una eficaz conexión con la cotidianeidad y con los vínculos reales (no los románticamente imaginados). Necesidad de aprender a des-dramatizar y a no caer en una autopercepción victimosa.
  • Dificultad para autosostentarse económicamente por tender a vivir en la introversión creativa (situación similar a la del artista que requiere de un mecenas que le patrocine o le compre su obra). Necesidad de aprender a actuar en el mundo, sin quedarse en la reclusión que fomenta un sentimiento de lástima de sí, a veces paralizante.
  • Necesidad de aprender a administrar sus emociones extremadamente intensas, sobre todo a través de la creatividad (pintura, escritura, danza...) y también del servicio a los otros (tarea que un Cuatro suele desempeñar muy bien, sobre todo en el área de asistencia emocional a la persona doliente).



  Quinto Eneatipo: El Pensador


  • Exceso de introversión: personalidad huraña que suele ni siquiera advertir su propia necesidad de contacto afectivo. Cuando la advierte, suele anestesiarla, pues no sabe cómo canalizar su vida de interrelación con personas que le resulten apropiadas a su perfil psicológico.
  • Fracasos vinculares o trastornos de relación por estar demasiado “alojado en la cabeza”: requiere de técnicas apropiadas para activar su hemisferio cerebral derecho y re-conectar con lo que siente, reconociéndolo, valorándolo, aprendiendo a vivirlo y a dar de sí (en lugar de tener una actitud retentiva en la que le cuesta brindarse a sí mismo a los demás).
  • Profusa ideación que suele generar trastornos del sueño o síntomas psicosomáticos por “abandono del cuerpo”: el Cinco necesita aprender ahabitar su cuerpo, dado que con frecuencia está desconectado de él, teniendo al sedentarismo, a los trastornos alimentarios, al descuido en sus funciones metabólicas... que le llevan a desarrollar patologías inadvertidas por su falta de autopercepción. Las técnicas psico-corporales son muy necesarias para este eneatipo! El exceso de ideación también puede derivar en generar brillantes proyectos, pero con escasa capacidad de ponerlos en práctica a la hora de interactuar con el mundo.
  • Conflictos relacionales debido a una actitud de enojo frío (que no siempre el mismo Cinco advierte): su manera de discutir con el otro suele ser impávida, gélida, mas diciendo cosas hirientes tan certeras que en general polarizan al otro, irritándole en exceso. Esto suele dar forma a esta autoimagen: “Yo no me irrito, es el otro el que ‘se pone loco’!”. Asumir su parte en la dinámica relacional es una tarea indispensable para viabilizar los afectos sanos.
  • Fobia social, temor a relacionarse, a expresarse en público (salvo sobre los temas que domine a la perfección); exceso de retraimiento; falta de habilidades sociales que le hacen excluirse cada vez más, empobreciendo su vida afectiva. Temor a que se si se abre ante otro luego sea invadido en su preciada soledad. Dificultad para poner límites en ese sentido, marcándolos en exceso para que el otro no se acerque demasiado.


  Sexto Eneatipo: El Cooperativista


  • Dificultad para individualizarse respecto de su núcleo familiar de origen, de su familia adulta o de cualquier otro grupo al que pertenezca. Necesidad de aprender a pensar y a actuar en función del “Yo”, y no solamente del “Nosotros”.
  • Problemas para tomar decisiones de cualquier índole: si dejar o no un trabajo, qué carrera elegir, si mudarse de país o no... En este contexto, exceso de dependencia de que sea una autoridad ajena la que decida por él. (Cuidado, terapeutas! A no caer en la trampa de ser ustedes quienes le digan lo que tiene que hacer! El Seis tiene que aprender a hallar dentro de sí el “Yo mismo” que sí sabe, y aún, si hace falta, tomar el riesgo de equivocarse por su cuenta.)
  • Temores de distinto tipo, que generan un permanente estado de hipervigilancia y ansiedad, como de que “algo va a suceder”. Construcciones imaginarias de inminente desgracia, con obsesiva necesidad de prevenirlas. Trastornos psicosomáticos debido a esa permanente ansiedad.
  • Acciones temerarias, justamente para cancelar ese miedo (actitudes contrafóbicas que pueden poner en peligro su integridad o la estructura en que se apoya su vida). “Arrojarse al vacío para dejar de sentir temor al a caer en el vacío”.
  • Es común que el Seis presente en terapia conflictos vinculados con el núcleo en el que se mueve: su empresa, su familia, su club... Le preocupa la eventual pérdida de cohesión, dado que asienta su identidad, en demasía, justamente en ese “nosotros”. Es importante que el terapeuta le ayude a discernirse, a no perderse durante la sesión en hablar de los demás, a recortar su propia identidad (lo cual no es un acto: es un proceso, indispensable para este eneatipo).

  Séptimo Eneatipo: El Disfrutador
  • Trastornos emocionales de tipo maníaco-depresivo: oscila entre períodos de extrema euforia, que ceden paso a una profunda depresión. Necesita aprender a reducir la fluctuación, comprendiendo su mecanismo bipolar (de mayor o menor alcance, según el individuo). Aprender a no exacerbar los estados de euforia (sobre todo con sustancias, actitudes de exceso, alcohol...) para no caer luego en el extremo opuesto.
  • Con frecuencia, trastornos por adicción desde una matriz que le exige estar “siempre bien” y evitar todo lo que signifique “lo profundo”, pues se lo identifica con “depresión”: estabilidad, tranquilidad, actitud contemplativa... y aún revisar los dolores, sin temor a quedar atrapado en ellos. Justamente la evitación de este aspecto de la vida es lo que polariza al Siete hacia el otro extremo.
  • Dificultad para generar vínculos estables: proliferación de relaciones en las que, cuando se agota la intensidad inicial del enamoramiento, no sabe cómo trabajar con los aspectos menos románticos, pero más profundos.
  • Dificultad para concentrarse, fijar la atención en los procesos de aprendizaje, y luego establecerse en una determinada área que le permita desplegar sus talentos. Al ser multitalentoso, suele ser errática su elección de carreras, de profesiones... Con lo cual sabe poco de mucho, pero mucho de nada. Aprendizaje de los beneficios de la estabilidad, sin perder la creatividad y la actitud lúdica.
  • Trastornos vinculares por estar asentado en una identidad inmadura, infantil, desde la cual le cuesta ponerse en el lugar del otro, tenerle en cuenta. Baja tolerancia a la frustración, y excesiva demanda hacia el otro. Un niño que necesita aprender a madurar para generar, con frecuencia, vínculos creativos y fuera de lo común.

  Octavo Eneativo: El Líder
  • Exceso de stress y trastornos psicosomáticos por sobreocupación laboral y por tomar más obligaciones de las que su sistema nervioso puede sostener. Agenda sobrecargada que genera tensión y falta de vida personal.
  • Necesidad de trabajar sobre distintos rasgos de su temperamento que impiden la gestación de vínculos sanos en lo laboral y en lo personal: actitud dominante, explosiones de irritación, dificultad para tolerar que los otros sean como son y elijan lo que eligen, sobreprotección, egocentrismo... La domesticación de su carácter es una tarea vital para el Ocho, y, si es alguien evolucionado, logra ejercer un buen liderazgo... sobre sí mismo.
  • Dificultad para establecer vínculos de paridad, tanto en la amistad como en la pareja. Actitud de “poner a prueba al otro” a través de la superación de conflictos, que se extiende con frecuencia hacia el vínculo con el terapeuta. Exceso de mecanismos defensivos que mantienen al otro no sólo a distancia, sino por debajo.
  • Necesidad de aprender a abrir su vulnerabilidad, a transitarla, a valorarla, a expresarla sin sentir que será derribado y perderá poder... Ver de qué modo su historia generó una dura coraza, que le está haciendo perder lo más luminoso... y ayudarle a abrirla, para que salga lo mejor de sí!

  Noveno Eneatipo: El Pacificador
  • Con frecuencia el Nueve, más que buscar terapia, es traído a terapia, sobre todo por su pareja, dado que este eneatipo raramente percibe que algo “no esté funcionando bien”. Su tranquilidad excesiva, sus mecanismos de negación, con frecuencia le impiden percatarse de sus propios problemas (internos y vinculares), de modo que asisten a consulta a pedido de un otro, o bien cuando los problemas relacionales ya han estallado visiblemente. El trabajo, entonces, será ir erosionando terapéuticamente sus mecanismos de negación, para que se anoticie de lo que “no está funcionando tan bien como creía” en su propia vida.
  • Actitud muy dependiente de un otro, de resonancias infantiles: exceso de pasividad, falta de carácter, de poder de decisión, de iniciativa, de autodeterminación, de voluntad... Eso va haciendo que sea ese otro quien cargue con responsabilidades de las que el Nueve se desliga, generándose así profundas crisis vinculares.
  • Necesidad de ayuda que le permita definir los límites de su identidad: para que “todo esté bien” el Nueve se acopla a la decisión de los demás; desde una actitud sobreadaptada, no reconoce sus propios deseos, sus propios derechos, sus propias obligaciones... su propio destino. Queda satelitando en la vida del otro... sin ser planeta de sí mismo! El terapeuta debe apoyarle para que “se plante sobre sus propios pies” (lo cual suele implicar también el autosustentarse económicamente, siendo capaz de interactuar con el mundo de modo asertivo y vigoroso).
  • Es común que el Nueve consulte a un terapeuta cuando las circunstancias le colocan en situación de tener que tomar iniciativa. Ha perdido el empleo: ¿cómo moverse para encontrar otro? Terminó el colegio secundario: ¿qué carrera elegir? Se está divorciando: ¿cómo conseguir una nueva vivienda, y, quizás, cómo generar dinero para no depender de su ex? Ha sido “hijo crónico” y sus padres se vuelven ancianos o mueren: ¿cómo hacerse cargo de los asuntos más básicos que implica una vida adulta?

Comentario final

En cualquier caso, el trabajo terapéutico necesita centrarse no sólo en lo que “funciona mal”, en la patología, sino también (y a veces fundamentalmente) en las fortalezas innatas de cada eneatipo: cada eneatipo tiene sus problemas característicos, pero el secreto de su solución también subyace en cada estructura eneatípica (ya sea en su eneatipo en sí, en el desarrollo de cada una de sus alas, en el aprovechamiento de sus direccionalidades...). Pero esto será tema para otra oportunidad.
Quiero recalcar que decidí elegir, por razones de espacio, sólo CINCO posibles motivos de consulta de cada eneatipo. Se podría seguir mucho, pero mucho más! Es apasionante, verdad? Ojalá quienes lean estas palabras encuentren en el Eneagrama la misma claridad práctica que yo he hallado en él desde hace tanto tiempo, y que hace que me fascine verme a mí misma bajo el prisma de su ayuda, a mis pacientes y alumnos, y a cada persona de mi mundo afectivo, para comprenderla y comprenderme a través de ellas, para danzar la interacción relacionar atendiendo a mi propio ritmo y el ritmo del otro, sin forzarlo a que sea diferente. Les dejo un abrazo! Y aquí estoy.§


© Virginia Gawel
www.centrotranspersonal.com.ar

Publicado por la revista "Uno Mismo", año 2006.

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