domingo, 3 de agosto de 2014

La des-ilusión óptima
















  
Aquello en lo que creías te decepcionó. Es más: te has decepcionado respecto de tus propias elecciones, de haberte dejado engañar, de cómo desaprovechaste oportunidades, de haber lastimado gente a pesar tuyo, de perder tiempo en lo que no lo merecía... Es frecuente que quien vivencia este tipo de crisis sea alguien que se acerca a la mitad de la vida (+- 35 / 45 años): medianamente recorrió el camino, apostó (y ganó o perdió), creyó y dejó de creer, tuvo ideales y no siempre estuvo a la altura de ellos, puso lo mejor de sí pero le fue mal... Mira para atrás y siente que lo vivido no alcanza a justificarse por sí mismo, experimentando la frustración de, aparentemente, haber equivocado el rumbo demasiado.

         En Psicología Transpersonal se le llama a esta instancia “desilusión óptima”. Suena extraño que estas dos palabras estén juntas, verdad? Es que hay que leerlas poniendo el acento en que la primera significa, precisamente, des-ilusión.“Perder las ilusiones” puede sonar horrible. Sin embargo, es justamente la ilusión la que nos impide ser quienes realmente somos, y construir nuestra vida a partir de lo que realmente es. Por qué? En el Hinduismo la palabra Maya alude al engaño al que estamos sujetos cuando percibimos la realidad: proyectamos en ella nuestros propios contenidos internos, deformándola. Si miramos en el diccionario, “ilusión” se define como “esperanza infundada; imagen que no refleja fielmente la realidad, o que se le opone”. De allí que “iluso” signifique “seducido, engañado”. Así, des-ilusionarse es, en verdad, a pesar del dolor, algo digno de celebración: implica des-engañarse!

Aunque pasemos por un período de desesperanza, de desgano, de sensación de sinsentido... si atravesamos ese tránsito con lucidez y sin quedar atrapados en una autocompasión peligrosa, saldremos de ello con mayor madurez y objetividad: sabremos qué es qué, quién es quién, con qué recursos contamos, cuáles son nuestras limitaciones... A partir de allí, comienza a estar habilitada para nosotros la posibilidad de construir una vida en consonancia con la realidad, y, por ende, con decisiones más inteligentes. Esto implica, inclusive, liberarte de las expectativas que los demás hayan proyectado sobre quién y cómo debías ser. Qué alivio! Quizás para ello también haya que transitar el proceso de desembarazarte de la culpa por “haber decepcionado a los demás”. Parafraseando a Perls, no has venido a este mundo para satisfacer las expectativas de nadie!!(A mí misma me ha costado mucho aprenderlo...) Esta des-ilusión es el primer Despertar del que nos hablan todas las Tradiciones espirituales de la Humanidad: un requisito indispensable para otros despertares más sutiles. Implica haber estado, hasta esa instancia, más que dormido: hipnotizado por sus propios condicionamientos, por el autoengaño, por la inexperiencia...

         ¿Fracaste? Sí. ¿Y qué? ¿Acaso alguien te dio al nacer un mapa del laberinto como para que no te equivocaras en nada? Tus fracasos no demuestran impericia para vivir: hasta donde alcanzo a ver, ser un humano es uno de los asuntos más difíciles en este mundo. Y, encima, ser un humano que intenta construir una vida coherente y digna... más! La mayoría de las veces el fracaso se debe a la ilusión. “Fracasar” viene de la misma raíz que “fraccionar” = hacerse pedazos! Si llegaste a la mitad de tu vida y no fracasaste... es muy posible que sea porque te has quedado inmóvil, como dentro de una vitrina! Si viviste con intensidad, es casi seguro que hayas fracasado en más de un aspecto. ¿Quién no? Habiéndolo constatado y, con ello, habiéndote quitado el velo de la ilusión... a juntar tus pedazos (como Osiris) y a construir sobre lo realcon lo real! ¿Duele? Lo sé, porque a mí también! Y es natural que así sea. Ni siquiera hay garantías de que no vuelva a sucedernos. Pero si en tu memoria hay alguna persona mayor valiosa que conozcas o hayas conocido, estoy segura de que lo llegó a ser porque transitó por esa des-ilusión, juntó sus pedazos, y se recicló a sí misma.

         Siempre he sido un imbécil!”, “Nunca me doy cuenta de nada”, “Sólo a mí me suceden estas cosas!”, “Todo el mundo abusó de mí”... Así es como uno suele tratarse ante la instancia de la des-ilusión: con una crueldad con la que quizás no haya jamás tratado a nadie (propio de la buena gente, que puede llegar a ser malísima consigo misma!) También en ese caso utilizamos palabras magnificantes: “siempre”, “nunca”, “nada”, “todos”... Cuando en una frase estas palabras tienen peso... es seguro de que expresa una construcción falaz. Necesitamos revisarla. Ante la des-ilusión puede que también oscilemos entreautoinculparnos y culpar a los demás (nuestros padres, el mundo, la gente, la vida...). Ni una cosa ni la otra conduce a nada. Nos puede ubicar en mejor lugar tomar conciencia de que nuestra esencia más íntima tiene por imperativo interno evolucionar justamente a partir de superar aquellas condiciones que se lo impiden. Es una ley inevitable en el devenir de todo lo que crece. Romper el velo de la ilusión es ascender varios escalones en ese proceso. Si comprendemos lo que nos está sucediendo, y lo inscribimos en el contexto de que no somos los únicos ni los peores, a partir de ese des-engaño, el redireccionamiento de nuestra vida puede ser mucho más que una utopía. Darnos tiempo, disculparnos la necedad, perdonar a quienes fueron nuestro obstáculo... No es tarea fácil! Y tampoco es una decisión, sino un proceso. Pero... ¿hay alguna otra cosa mejor para hacer en este mundo? Lo que puedo decirte y decirme es: fuerza! Millones de mujeres y hombres de todos los tiempos han tenido que vivirlo. No estamos solos...§

© Virginia Gawel


Publicado en la revista "Uno Mismo", año 2007,
           

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