domingo, 3 de agosto de 2014

Ser criticados... pero tomar el riesgo!


Ser “como todos” es más seguro. El instinto nos lo dice. Por eso son tan dignos de honra quienes eligen transitar su propio camino, tomando el riesgo de ser criticados. Se apuesta a la primera de las lealtades: ser fiel a lo que desde adentro somos. En la mayoría de las personas que toman esta decisión el primer miedo que se vence, el primer monstruo que se espanta, el primer obstáculo que se derriba es el miedo a la crítica. Cuando la persona actúa sin estar dominado por la opinión de los demás (mas sin necedad, sino escuchando lo que sea digno de ser escuchado) es posible que esté comenzando a florecer en ella algo muy profundo: su Sí Mismo. Veamos esto: como animales gregarios, sentirnos criticados nos hace tener miedo de ser excluidos de la manada. Y, en el reino animal esto significa quedar más expuesto a los depredadores, deambular sin territorio (sin agua ni comida), perder posibilidades de apareamiento... Cuando uno teme a la crítica, entonces, en principio reacciona desde lo más primal que rige nuestra conducta. Así, por largo tiempo, mientras adultece, el animal humano va tratando de adaptarse a los parámetros del sistema (aunque más no sea agrupándose con quienes se oponen al sistema!). Fracciona su identidad, escondiendo partes de sí para no ser exonerado, rechazado, excluido... criticado.


Pero en algunas personas existe una fuerza peculiar que les lleva -o bien desde siempre, o bien promediando la mitad de la vida-, a, de todos modos, tomar el riesgo de ser diferentes, aunque esto signifique quedar expuestos a la crítica. Hablo aquí de quienes han decidido convertir su propia vida en un peregrinaje. Sí: los antiguos llamaban "Camino" al proceso de consolidar la propia identidad desde lo más esencial de sí (o sea, más allá de los condicionamientos del entorno). Y el problema es que si alguien se vuelve un verdadero individuo, será, por definición, diferente, porque en la periferia todos estamos formateados por el sistema imperante, pero en lo más profundo NO: allí cada uno de nosotros es esencialmente único (una modesta nota peculiar en la Gran Partitura de la Creación).

Hay quienes al ver al que elige un camino interno se sienten propulsados a caminar también. Pero hay quienes apedrearán al "raro", también instintivamente, como si tuviera una peste que pudiera "contagiar a la manada". De modo que es bueno saberlo: cualquiera que haya decidido apostar sus días a Caminar, necesita estar preparado para las críticas. Algunas le servirán de espejo: es inteligente escucharlas. Otras serán una buena prueba para medir cuán comprometido se está con el Camino como para no dejarse desviar por ellas. Justamente, las críticas de quienes están inmersos en la locura del sistema serán un buen indicio de aquello que se adjudica erróneamente al Quijote: "Ladran, Sancho. Señal de que cabalgamos...". Tan viejo es este tema que así lo dijo hace miles de años Lao Tsé:


Cuando el sabio oye hablar del Camino 

trata de vivir en armonía con él.

Cuando el hombre normal oye hablar del Camino

sólo lo comprende en parte.

Cuando el loco estudia el Camino

se ríe de él.

Sin embargo, si el loco no se riera 

no sería el Camino.

Por tanto, si buscas el Camino 

escucha la risa de los locos.


© Virginia Gawel

(Publicado por la revista Sophia OnLine en abril de 2012.)

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